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A cinco años del caso Lissette Villa: Las muertes que siguen ocurriendo en el Sename

La muerte de Lissette Villa, ocurrida en abril de 2016, dejó al descubierto las graves vulneraciones físicas y emocionales sufridas por niños en el centro Cread Galvarino en Estación Central. Los castigos frecuentes por parte de educadores de Trato directo (ETD) incluían sobre medicación, golpes de pies y puños, contenciones con fuerza desmedida, correcciones humillantes e incluso abuso sexual. ¿Cuánto ha cambiado la situación estos cinco años? Muy poco según las víctimas, contabilizando 1.182 muertes en los centros y programas ambulatorios del Servicio Nacional de Menores.

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*Gráficos por Juan Pablo González

Lissette tenía once años, el pelo castaño, casi rubio, medía un metro cuarenta y seis, pesaba 54 kilos, y sus hermanos le decían «La Rucia». Dentro de la residencia, las niñas de la Casa 2.2 le gritaban «Cabeza de Pichí», para hacerla enojar o presionarla para que estallara. La mayoría no le tenía simpatía porque —la acusaban— siempre “hacía show”. Eran celos de niñas, ya que Lissette podía ser muy demandante con las Educadoras de Trato Directo (ETD). De todas formas tenía varias amigas en el Centro de Administración Directa Galvarino, quizá la más cercana era “M”.

Ese hogar se había convertido en la única alternativa a una familia.

Lissette podía irritarse por el más mínimo detalle, pero si le regalaban alguna frase cariñosa, ella contestaba de la misma forma. «Te amo, tía, te quiero» era su respuesta habitual. Era conocido su paso por varios hogares y la sobre medicación de la que habría sido víctima. Así lo demostró un informe del Centro de Atención a Víctimas de Atentados Sexuales (Cavas).

Isabel Cea- la psicóloga del Cread en ese entonces- relató en su declaración que hubo un cambio, un punto de inflexión en el tratamiento de la niña el día 15 octubre de 2015, cuando Juana Poblete-su madre- llamó por teléfono al hogar para decir que quería ver a su hija, después de varios meses de ausencia. La psicóloga le explicó el perjuicio que podría causar a la pequeña si volvía a fallar las visitas, y Juana prometió que cumpliría. Hubo ocho o nueve visitas hasta que desistió nuevamente.

El lunes 11 de abril de 2016 comenzó con una situación parecida.

Afectada por no recibir la visita de Juana, a la una y media de la tarde se registró la primera descompensación de Lissette. Mientras la llevaban a la habitación de la casa se escuchó que gritó “¡No quiero nada! ¡Me quiero morir!” y se quedó por largo rato tirando piedras en el patio. Luego se enojó con una voluntaria de Caritas cerca de las 16:30.

Después la vieron golpeando las mamparas de la entrada, cerca de la oficina de la dirección.

—¡Esta vieja no me regaló nada!—, reclamó.

Lissette dejó su bandeja en la cocina cerca de las siete y media de la tarde. Parecía tranquila.

El resto ya es una historia conocida.

En pocos minutos, todo se volvió confuso. A Lissette la llevaron envuelta en una frazada hacia la pieza. Se escucharon gritos y una de sus zapatillas quedó tirada en el piso. Una testigo escuchó a la Educadora de Trato Directo Thiare Oyarce pedir ayuda por radio. Antes habían cerrado las puertas de su habitación.

A las 20.00, la 17ª Compañía de Bomberos de Santiago recibió un llamado de emergencia del Centro Galvarino. Al llegar, encontraron a una auxiliar de enfermería que hacía lo que podía para reanimar a Lissette. A las 20.22 la niña ya estaba con paro cardiorrespiratorio y quince minutos después llegó el Samu.

A las 21.00 Carabineros tomó contacto con el fiscal de turno, Felipe Olivarí: Lissette había muerto.

El cuerpo yacía en el suelo, cerca del pasto sintético. Vestía un pantalón de buzo rosado, la polera recogida y uno de sus pies seguía descalzo. A pocos metros, Thiare Oyarce se quedó sentada en el suelo con la cabeza entre las manos.

Lo que vino después fue una de las crisis más profundas de Sename.

La investigación por la muerte reveló los apremios ilegítimos reiterados a niños que se encontraban bajo la custodia del Estado y la crueldad y falta de preparación con que actuaba el personal contratado en los hogares.

La Fiscalía solicitó siete años de cárcel para las educadoras Connie Fritz y Thiare Oyarce por los delitos de apremios ilegítimos con resultado de muerte; además de tres años y un día de presidio para la coordinadora de turno Jessica Figueroa, y la directora del centro que depende del Sename, Mónica Monje.

La testigo clave

El viernes 9 de abril por la tarde, dos días antes del quinto aniversario de la muerte de su mejor amiga, M* (15) está terminado de hacer las tareas en su casa, en la comuna de Peñalolén. María Díaz- su mamá- dice al teléfono que han sido años difíciles. Su hija lidia con la ansiedad y las crisis de pánico producto de lo que le tocó experimentar en el centro Galvarino.

La adolescente fue la testigo clave de la contención que se le hizo a Lisette. De no haber sido por su declaración, quizá hoy la historia sería otra.

En el 2014 María estaba superada por la muerte de su hija de 24 años por un cáncer, además debía cuidar a Jesús, su otro hijo que tenía discapacidad intelectual producto de una hidrocefalia, y de M*. Sin redes de apoyo, la depresión terminó en alcoholismo y el 30 de julio de 2014 el Centro de Medidas Cautelares de los Juzgados de Familia de Santiago ordenó el ingreso de M* al Cread Galvarino por presuntas vulneraciones por parte de su hermano. No había daño emocional aparente, así que su estadía en el lugar sería breve. Finalmente fueron dos años que cambiaron por completo la vida de María y la pequeña M*.

Días después de la muerte de Lissette, M* venía llegando del colegio cuando dejó escapar frases como que todo  había sido igual a lo ocurrido su hermana mayor.

Sorprendida, Silvana-una de las educadoras- llamó a otras funcionaria del centro para no oír el relato sola. La niña reconoció que ella estuvo presente cuando la tía Conne Fritz le afirmó los brazos a Lissette y que la otra tía (Thiare Oyarce) estaba sobándole las piernas con agua o colonia.

La niña comentó que Lissette se golpeaba la cabeza, que le salió sangre de la boca y la asearon con una toalla. Contó que la tía Conne le dijo: “Ya poh gorda, cálmate, está bueno, para”. Que Lissette se orinó y que a ella la mandaron a buscar la radio a la sala para que las tías pidieran ayuda.

Relató también que Lissette, al principio, hizo fuerza para moverse, quiso pararse, que rogó para que pararan, pero después de un rato quedó inmóvil y ya no hablaba.

Tras el testimonio enviaron a M* a un taller de futsal para que se tranquilizara y luego su psicólogo registró el hecho.

Tal como se suponía, el 11 de abril a las ocho de la tarde Conne Fritz y Thiare Oyarce inmovilizaron a Lissette, reteniéndola boca abajo con fuerza de brazos y pies. Conne, de noventa kilos, además se subió a su espalda. El peso de la mujer terminó por asfixiarla. Después de varios minutos de contención, dejó de respirar. Tenía los brazos y piernas inertes y los labios amoratados.

La nueva audiencia por el caso de Lissette Villa está fijada para el miércoles 19 de mayo, anteriormente había sido prorrogada por la emergencia sanitaria. En esta instancia se determinará la responsabilidad penal de los imputados y se intentará terminar con la presunción de inocencia de algunos de los acusados. M* declarará en calidad de testigo. María también interpuso una demanda el 26 de enero del 2020 en contra del Estado, ante el 14°Juzgado Civil de Santiago, buscando indemnización de perjuicios.

“(M*) fue testigo de uno de los hechos más terribles que puede presenciar un ser humano, más aún una niña de 12 años, esto es, presenciar como funcionarias del propio Sename causaron la muerte a otra niña, Lissette Villa Poblete, de 11 años de edad, quien era su compañera de habitación y amiga (…) En el caso de la niña M, no solo no se dio esa protección, sino que por el contrario se le causó un daño, de índole moral. Que esta demanda pretende morigerar de cierta forma, pero que jamás podrá hacer desaparecer de la mente de esta pequeña aquella situación psicológica, por la cual además en forma inconsciente, inocente y de buena fe, se le viene y se le seguirá revictimizando constantemente, ya que todo el mundo la ubica como ‘la niñita del Sename’, esa que estaba allí, cuando mataron a la otra”, se lee en la demanda presentada por el abogado Patricio Leguina, y a la que este medio tuvo acceso.

-Hay un daño psiquiátrico y de larga data, si lo hay, y por eso demandamos al Estado por este daño moral y vicario, el que es permanente. La audiencia de ese día de mayo es con respecto al juicio de Lissette, y yo representó a M* quien es la testigo presencial de esto, ya que la descripción de la muerte como tal la da M*, ella ve todo. Esta audiencia es para percibir la culpabilidad, aquí ya entramos con respecto al juicio oral. Tengo entendido que las personas que ya están formalizadas por apremio ilegítimo con resultado de muerte son Conne (Fritz) y Thiare (Oyarce)-, explica Leguina, quien trabaja en conjunto con el abogado Alberto Raposo.

 

Los sumarios e informes posteriores a la muerte de Lissette Villa demostraron como en el Cread Galvarino los maltratos y humillaciones contra los niños de todas las edades se habían vuelto sistemáticos. Los nombres de los educadores de trato directo que más se repitieron como agresores fueron Luis Campodónico, Yerko Reyes y Leonardo Lefián, entre otros.

Los niños y niñas reconocieron haber sido víctimas de contenciones bruscas, golpes y provocaciones. Sus declaraciones se pueden leer en el expediente del caso, y muestran cómo en esta residencia- dependiente del Estado- se había enquistado la violencia física como una forma de corrección aceptada en todos los niveles.

Muchos de ellos denunciaron como les doblaban los brazos hacia atrás, que fueron agredidos con zancadillas, apretones de cuellos y rostro, además de castigos con comida y golpizas. Poner a niños en sillas pequeñas para que no pudieran dormir era un castigo habitual. Los relatos en el expediente son muchos y también dejan ver otras negligencias: En octubre de 2016 a un niño lo llevaron al baño y fue abusado por dos compañeros mayores sin que nadie se diera cuenta.

Estas conductas se mantuvieron y se hicieron aún más brutales tras la muerte de Lissette.

En las declaraciones del expediente se puede ver cómo se comenzó a una relación ambivalente de los niños con sus cuidadores. Algunas veces justificaban los golpes y aceptaban la violencia con tal de recibir demostraciones de afecto. «El tío me abrazó y ni mis papás lo hacen», contó una de ellos.

Lefián fue el auxiliar reconocido como uno de las más violentos, pero al mismo tiempo se transformó en una figura paternal, lo llamaban “Papi Leo”. Después de golpearlos les pedía disculpas y los abrazaba.

Lissette también habría sido víctima, en reiteradas oportunidades, de la violencia de Lefián. Un año antes de su muerte, Isabel Cea, su psicóloga, fue a buscarla y la encontró sentada en el suelo del baño de la casa. A su lado estaba el educador. La niña gritaba y lloraba mientras le sangraba la nariz. Cuando Isabel le preguntó qué le había pasado, Lissette contestó: «Este viejo culiao me pegó un combo», apuntando sin miedo a Lefián. Él solo contestó que la niña se había pegado sola.

Los educadores de trato directo siempre negaron todas las acusaciones de violencia y las contenciones con frazadas, uno de los sistemas de inmovilización más cuestionados mencionado por varios niños en los interrogatorios. Declararon que solo les permitían hacer “el abrazo del oso” (tomarlos por la espalda). Tras la muerte de Lissette, la misma voluntaria de Caritas, reconoció haber sido testigo de cómo las tías arrastraban a las niñas para sacarlas de las salas. También vio a Lissette envuelta en una alfombra «como un rollo», sin posibilidad de salirse de ella, inmovilizada. Dormía en un rincón y apenas se asomaba su cara.

«Lissette dormía como si no existiera (…) Esto de verla envuelta en la alfombra lo vi como en tres oportunidades», declaró.

Una educadora de trato directo, que estuvo un año y medio fuera con pre y posnatal, declaró que a su regreso quedó impactada con la normalización de las contenciones. «Una vez vi cómo Lissette se envolvía sola en una frazada, como jugando. Decía que se estaba haciendo sola contención y se estaba ‘calmando sola’. Decía: ‘Ah, estoy con la hueá’, y tomaba la frazada y se enrollaba», reconoció.

Del libro de registro del hogar, dirigido en esa época por Mónica Monje, se desprende que en total hubo 172 constancias de problemas conductuales de Lissette entre alteraciones de comportamiento, desajustes conductuales, descompensaciones, agresiones y abandono de actividades. De los 81 desajustes conductuales, 72 finalizaron en alguna mediación física. Además, se le aplicó S.O.S. en cuatro ocasiones. Parte de esa realidad también la vivió su amiga “M”, quien aún lidia con las secuelas.

Hoy, tras su cierre, el establecimiento de Galvarino será una escuela.

-Soy hija del sistema, estuve en Ciudad del Niño, un sistema malo y mi hija cayó al Sename, un sistema totalmente fracasado hasta el día de hoy, y nuestras autoridades están ciegas, sordas y mudas, pero se llenan la boca con la infancia chilena. En este país se castiga la pobreza, absolutamente. Los niños no se tocan, no se abusan, no se violan, no se matan. Son sagrados, se protegen de verdad, no con mentiras. Es necesaria la ley de la infancia, una protección verdadera y no con puras palabras que se las lleve el tiempo-, se desahoga María.

Más de mil muertes: Nada ha cambiado en Sename

El 24 de marzo pasado se viralizó un video donde se escuchaba el llanto desgarrador de un niño al interior de una de las nuevas residencias dependientes del Servicio Nacional de Menores, que desde el primero de octubre pasará a llamarse “Mejor Niñez”. La nueva modalidad se basa en residencias familiares cuyas plazas no superan los quince niños.

El video que circuló en redes sociales corresponde a la “Residencia Familiar Carlos Antúnez” de la comuna de Providencia. Un vecino grabó con su teléfono lo que se oía desde la calle.

“De acuerdo a antecedentes preliminares, el problema se originó producto de una situación de descompensación donde luego llegó Carabineros con el Samu”, informó Sename.

El hecho despertó una ola de críticas y los gritos trajeron nuevamente al recuerdo la palabra ‘contención’, al igual que en el caso de Lissette. Y quedó una pregunta en el aire, ¿Cuánto había cambiado en realidad el servicio con estas nuevas residencias? ¿Cuál es la preocupación de las autoridades por la dignidad con la que niños y niñas habitan esos espacios?

Esta semana el Observatorio de Fundación para la Confianza publicará un informe con las cifras actualizadas de los niños muertos en residencias y programas ambulatorios del Sename. La cifra llega a los 1.182 niños fallecidos hasta el 31 de agosto de 2020. Luego seis niños más fallecieron en septiembre del mismo año (elevando el número a 1.188).

Este registro demuestra como en Chile la internación de niños ha sido un medio habitual de vulneración a la infancia y cómo se transformó en un problema que ningún gobierno ha podido solucionar.

Sofía Aliaga, coordinadora del Observatorio, aclara que en realidad son 41 años de funcionamiento de Sename pero que solo se tienen datos disponibles sobre los fallecimientos de 2005 en adelante. A su juicio, desde que se tiene registro, la cantidad de muertes de niños, niñas y adolescentes que se encontraban en programas del Sename se mantiene más o menos igual.

-Es indispensable que se ponga atención a las causas y al contexto, ya que muchas son muertes violentas y varias de ellas ocurren fuera de las residencias, lo que no quita la responsabilidad que tiene el Estado sobre el cuidado y la protección de estos niños, niñas y adolescentes. Esperamos que todas las personas que pasaron por el Sename y que fueron víctimas de vulneraciones sean reconocidas como víctimas. El Estado tiene la responsabilidad de establecer mecanismos concretos para reparar el daño causado, tal como lo recomendó el Comité de los Derechos del Niño tras su visita el año 2018-, explica.

En su opinión también es relevante que ahora se conocen las causas de la mayoría de los fallecimientos desde 2018 en adelante. Antes se asociaban a enfermedades, y fue posible establecer que no es así.

-Vemos que muchas de estas muertes se deben a causas externas, algunas muy violentas. Ahora, es necesario hacer el cruce entre la causa de muerte y la modalidad en la que se encontraba el niño, niña o adolescente fallecido. Podemos suponer que las muertes más violentas han afectado a niños y niñas en programas ambulatorios o medios libres y, aunque eso fuera así, Sename puede tener responsabilidad directa o indirecta en los desenlaces-, concluye la periodista.

 

 

 

Marcelo Sánchez, Gerente General de la Fundación San Carlos de Maipo, coincide en que, no obstante los cambios legislativos que han llevado a la configuración del Sename en dos nuevos servicios y a la creación del Servicio de Protección especializada Mejor Niñez, se observa que no hay cambios estructurales que sean significativos de acuerdo al planteamiento original del Comité del Niño, creado el año 2018.

-En esa instancia se puso los reparos fundamentales en cuatro ejes estructurales: el primero era no contar con un sistema de protección que garantice derechos y de alguna forma establezca el cumplimiento de sanciones para quien no cumpla; en segundo lugar que el financiamiento no sea un modelo basado en subvenciones y licitaciones que configura un conjunto de grandes operadores con una relación asimétrica con el Estado, y eso a su vez hace que precisamente sea mucho más difícil la gestión de control, fiscalización e inhabilidad de aquellos que han cometido graves vulneraciones de derechos. En tercer lugar el énfasis en la profesionalización y capacitación de los equipos de trabajo, y en cuarto lugar el poder contar con una oferta que de garantías de resultados, que promueva la gestión del conocimiento, la generación de evidencia, y que finalmente contribuya a resguardar el desarrollo positivo de la infancia-, explica.

Sánchez ve con preocupación el poco o nulo trabajo que se hace con las familias vulnerables. Considera que, mientras no haya capacidad de articulación con el Estado, no exista un sistema de protección integral y no se profesionalice el Sename, todo seguirá igual.

 -Debe ser un modelo de financiamiento integral de largo plazo, pero no centrado en los ingresos de los niños, sino en los espacios de reunificación familiar, rehabilitación y contención física, y finalmente en la integración social de los niños que han entrado dentro del sistema de protección bajo el cuidado del Estado-, dice.

Los antecedentes recabados tras la muerte de Lissette Villa llevaron al Consejo de Defensa del Estado, en marzo de 2018, a solicitar la ampliación de la querella criminal interpuesta contra los funcionarios del Servicio Nacional de Menores que resulten responsables por los tratos inhumanos y degradantes de forma reiterada contra niños y niñas del Cread Galvarino.

En esta lista se incluyó a todos los funcionarios públicos mencionados en los relatos durante la investigación: Mónica Monje Lutjens (directora del hogar), Jessica Figueroa Olivos, Leonardo Lefián Morales, Orfelina Valdés Mondaca, Cinthia Galaz Tori, Luis Cerda Silva, Luis Campodónico Lecaros, Conne Fritz Castillo, Thiare Oyarce García y Juan Arrué Beltrán. El caso hoy lo lleva la fiscal Erika Vargas.

Llegar a la verdad en el caso de Lissette no fue tarea fácil. Las educadoras de trato directo Thiare Oyarce y Conne Fritz fueron individualizadas como las principales responsables de su muerte y acusadas por cuasidelito de homicidio. Fritz no registraba estudios de ningún tipo que avalaran su trabajo con niños y solo alcanzó cuarto medio.

María dice que en cada noticia sobre Sename o sobre la muerte de un niño, su hija vuelve a revivir todo lo que ocurrió ese 11 de abril. El deseo de ambas es que ninguna familia vivencie lo que ellas pasaron.

– Tenía que asistir a las reuniones a la residencia en horario laboral, nos presionaban para llegar como fuera, yo siempre llegaba a la cola, atrasada porque trabajaba como auxiliar de aseo (…) Lo pasé mal, nos hicieron mucho daño, había informes que sea hacían mal y se iban así al Tribunal, una asistente social me amenazó con que daría a la niña en adopción, por eso mi hija pide que ojalá el Sename se acabe, pero dicen que se va acabar y no se termina nunca-, confiesa María.

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