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Cristian Muñoz, el lesbicida de Susana Sanhueza que está libre

Cristian Muñoz, el lesbicida de Susana Sanhueza que está libre

El 28 de febrero 2017, Susana Sanhueza se despidió de su madre para ir a buscar sus lentes ópticos al centro de San Felipe. ¨Siempre la acompañaba, jamás la dejaba sola y está única vez que la dejé sola a mi niña, me la matan”,  cuenta Nieves Aravena mientras recuerda el momento en que se despidió de su hija. Le pasó cuatro mil pesos  y ella le respondió que con eso le alcanzaba para ir y volver y comprar unos huevos para la once.

La señora Nieves jamás se imaginó que esas serían las últimas palabras que intercambiaría con su hija.

El 28 de febrero, un poco antes de las 18:01 de la tarde, Susana le escribió a su ex polola por WhatsApp, el mensaje decía  “Tengo hambre”, a lo que Natalia le respondió, “Por favor come algo”. Ese simple consejo nace desde la preocupación por su enfermedad, ya que Susana tenía Diabetes tipo 1 y no podía pasar mucho tiempo sin alimentarse.  En ese mismo instante se encontró, por alguna razón desconocida hasta hoy, con quien terminaría con su vida, su lesbicida. El mismo que quedó absuelto el 8 de febrero .

Ambos subieron al segundo piso de las dependencias de la Municipalidad de San Felipe, Muñoz  tenía llaves de las oficinas y libre acceso al recinto (nadie sabe bien el porqué).

Según su testimonio, Susana sufrió hipoglicemia y se descompuso. Él, que fue bombero, supuestamente no supo socorrerla. Sacó las cosas que había comprado de una bolsa de supermercado y cubrió la cabeza de Susana con ella. Luego le hizo un doble nudo. Susana no pudo respirar, dado que su “amigo” en lugar de pedir auxilio, la asfixió. Muñoz buscó otra bolsa de basura grande para meter el cuerpo, le amarró las manos, le sacó fotos y  las envió a su novia de ese tiempo. Alcanzó a  limpiar el lugar  y le robó las pertinencias, dejándola ahí, escondida en el segundo piso de la municipalidad. Se deshizo del celular y la mochila de Susana y se fue del lugar.  Todo fue frío, calculado y macabro.

La madre del lesbicida realizó una campaña estratégica aludiendo que su hijo vivía con la condición de Trastorno de Espectro Autista (TEA), pero leyendo la sentencia, el recuento y los peritajes que se presentaron en el tribunal, se contradicen absolutamente con ese relato. Muñoz es  solo un hijo sano del heterocispatriarcado.

La señora Nieves tuvo que explicarle al fiscal, a la Policía de Investigaciones (PDI), a las abogadas de Sernameg y a quien le preguntará, que su hija siempre fue lesbiana y que Cristian Muñoz la acosaba por teléfono. Que no entendió jamás que ella no le correspondía. Susana fue clara con ese hombre cuando se le declaró y aun cuando no era su obligación contestar a ese asedio, ella respondió que no era por él, sino que no sentía atracción por los hombres, le gustaban las mujeres. Muñoz nunca lo aceptó.

Por cierto es alarmante e inconcebible que ninguna de estas instituciones haya dado el ancho con respecto a darle visibilidad a una problemática tan grave como lo es el lesboodio.  Sí,  lesboodio. Hay desprecio, aversión y todo por el hecho de que las lesbianas, trans o cisgénero rompemos con todo lo escrito por el hombre colonial, blanco. Nosotras las lesbianas subversas le decimos “NO” a la heterocisnormatividad.

Es admirable ver como la señora Nieves habla con tanto amor y orgullo de su hija. Cuenta cómo desde que Susana fue pequeña, la apoyó en todo, no la discriminó, la amó y la sigue amando. Esto habla del amor incondicional con el que ella hasta el día de hoy cuida sus mascotas, le sirve una taza de té y le pone su lugar en la mesa. También le mantiene su pieza limpia y ordenada. Entra a la habitación y antes de salir besa su almohada.

El amor también es resistencia.

Las madres de las víctimas siguen trasformando su amor en lucha. En una batalla por un poco de justicia.

Ella dice que sabe que Susana no la escucha, pero yo creo que sí, que está acompañándola y dándole fuerza para seguir perseverando por su memoria.

Junto a mi compañera de vida tenemos una hija adolescente poderosa, inteligente y talentosa. Nos ponemos en el lugar de ella y no podemos dimensionar el dolor inconsolable que debe ser perder una hija.

Pero en medio de ese dolor, algo de esperanza hay. La sentencia que prontamente se anulará por el trabajo de la nueva abogada probono de la familia de Susana: Rebeca Zamora. Ella es lesbiana penalista, siempre ha tomado casos que afectan a la población LGBTIQ+, y ahora representa a la señora Nieves y lucharán para que Muñoz no siga gozando de la impunidad inconcebible que le otorga el tribunal de San Felipe.

Para nosotras las lesbianas, este asesinato es sin duda un lesbicidio, es decir vamos a pasos agigantados frente al Ministerio de la Mujer y de las legisladoras que aún no logran promulgar el Proyecto de Ley que busca garantizar a las mujeres vivir una vida libre de violencia. Este lleva cinco años de tramitación lenta (ingresó en junio 2017). Susana fue víctima de un crimen de odio el 28 de febrero de ese mismo año.

Las legisladoras y legisladores han arrastrado sus pies con este Proyecto de Ley que parece dilatarse cada vez más. Dan vueltas en círculos. A tres años, el lesbicida de Susana, Cristian Muñoz Muñoz (repito su nombre) fue absuelto y está libre. Él toma once con su madre, duerme en su cama, tiene la posibilidad de vivir su vida, liberado de toda culpa.  A nosotras no nos quedan más que los recuerdos que atesora la señora Nieves.

 

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Cofundadora de Familia es Familia.

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