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Este no es tu lugar: violencia digital contra las mujeres periodistas

Este no es tu lugar: violencia digital contra las mujeres periodistas

El día miércoles 27 de diciembre la  periodista de Mega Francisca Gómez, fue protagonista de un ataque en redes sociales. Una usuaria de la plataforma twitter la calificó como “ordinaria”, por el hecho de tener tatuajes en los brazos y salir descubierta en un móvil para el programa “Oye”. Hasta ahí, lo de siempre, la violencia digital que se instala sobre los cuerpos de otras mujeres en un par de comentarios. También hubo una respuesta contundente de parte de ella.

El posteo sobre su aspecto físico se viralizó y los ataques se multiplicaron sin cuartel.

Aparecieron los bots que comenzaron a discutir sobre su probable tendencia política, que si debía taparse o no, buscaron sus publicaciones antiguas e incluso arrobaron al canal para que fuera despedida. Nada se habló sobre su desempeño profesional de una década: una destacada comunicadora en radio y televisión, premiada por la universidad donde se formó.

Los comentarios de odio siguieron escalando.

Lo que muchos y muchas ignoran es que la violencia digital puede ser la antesala de otras violencias. “Ese efecto violento resulta del mandato moral y moralizador de reducir y aprisionar a la mujer en su posición subordinada, por todos los medios posibles,  recurriendo a la  violencia sexual, psicológica y física, o manteniendo  la  violencia estructural  del orden social y económico”, dice  Rita Segato en “Las estructuras elementales de la violencia”.

El mensaje para Francisca es claro y es para todas nosotras: este no es tu lugar.

Salirse de los roles que el patriarcado tiene asignado para las mujeres siempre tiene consecuencias. La violencia contra la mujer y disidencias tiene como principal efecto el femicidio y crímenes de odio. Internet hoy es un brazo de esa violencia de estos ataques que no son más que campañas misóginas y sexistas, (homofobia, transfobia y lesbofobia incluidas). Violencia, que de una u otra forma, está protegida tras el anonimato.

También aumenta la impunidad el hecho de que muchos colegas y autoridades miren para el lado respecto de un problema que se ha vuelto sistemático, por ende peligroso y devastador para nuestra salud mental.

Lo ocurrido con Francisca, se enmarca dentro de otros casos de comunicadoras que se han visto sometidas a una violencia física, digital y simbólica. Mujeres de nuestro entorno laboral que acaban eligiendo abandonar las redes sociales, inhabilitarse de dar opiniones, no aparecer en espacios públicos, pensar y repasar medidas de seguridad que antes no creían posibles. También hay periodistas de otros países como Argentina, donde el avance del feminismo y derechos de las mujeres, recibió como respuesta el odio y la persecución. La violencia machista digital no da tregua. Nos quieren fuera.

La investigación “Ser periodista en twitter” realizada por las organizaciones Comunicación para la Igualdad (Argentina) y Sentido (Colombia) devela que los ataques que reciben las mujeres periodistas es un atentado a su libertad de expresión. Las respuestas de las comunicadoras latinoamericanas hablan de ataques con menciones a su capacidad intelectual,  labor periodística y  apariencia física, entre otros.

En la mayoría de los casos la violencia llega como réplica a mensajes feministas y  denuncias de violencia machista y sexual –así fue el caso de la periodista Luciana Peker al defender a una actriz víctima de abuso sexual- porque aún hay personas que prefieren agredir que apoyar a quienes han vivido violencia machista.  Y como esa forma de disciplinamiento avanza, también hay amenazas de violaciones, descrédito con imágenes antiguas de aplicaciones de citas, entre otras formas de acoso. Los insultos están a la orden del día: “gorda”, “puta”, “feminazi”, “fea”, “flaite” solo por mencionar algunos. Y solo por el hecho de hacer nuestro trabajo o de poner el rostro a denuncias y caso de violencia de género.

Con tristeza hemos recibido la noticia de que Luciana Peker abandonó su país tras una verdadera campaña de odio y hostigamiento hacia ella. Con un gobierno de extrema derecha además, la periodista ha denunciado una verdadera caza de brujas a comunicadoras y activistas feministas. El futuro se ve ominoso.

Hoy necesitamos salir del brutal ocultamiento de este problema, es importante salir también de la pasividad como testigos de esa violencia. Es urgente interpelar al Estado para pensar en campañas que informen, prevengan y visibilicen sobre estas agresiones que cada día se vuelven más crueles. El rostro de Francisca se replica en muchas de nuestras colegas y no estamos dispuestas a callar o auto censurarnos. Hay una normalización de estos hechos y eso también es violencia, porque allana el camino para situaciones mucho peores.

La pregunta es ¿cuánto permea a la audiencia de las plataformas sociales la violencia digital de género a la que se ven expuestas diariamente las mujeres? En una sociedad que se dice democrática apelamos también a que voces de otras mujeres periodistas y “algunos hombres” expresen públicamente que no es posible sostener discursos de odio y ataques en red. Lo que no se nombra no existe” (George Steiner). La violencia en internet ha hecho restroceder a nuestras compañeras y no cesaremos en los esfuerzos de seguir visibilizando.

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Escrito por

Directora de La Otra diaria / Co coordinadora general RedPerioFem

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