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“Quiero justicia para mi hermana Susana Sanhueza”

El 28 de febrero de 2017 Susana Sanhueza salió de su casa para ir a buscar sus lentes ópticos al centro de San Felipe. Su madre y su hermana Andrea la esperaban de regreso ese día, pero nunca volvió. El pasado 03 de mayo, la Corte de Apelaciones de Valparaíso ratificó la inocencia del único imputado en su caso, Cristian Muñoz, el hombre que la habría estado acosando en esos días. Tras encontrarse con la joven, subieron al segundo de la Municipalidad donde ella sufrió un episodio de hipoglucemia. Muñoz en vez de asistirla le puso una bolsa en la cabeza, la asfixió, luego cubrió el cuerpo con dos bolsas de basura y se llevó su pertenencias. Tras la resolución del caso, Andrea Sanhueza, su hermana, decidió contar la historia de “Susy”. Aquí el relato en primera persona de los recuerdos que tiene su familia y la lucha por conseguir justicia. 

…………………….

Susana era mi hermana. Yo tenía 16 años cuando ella nació. Cuando mi mamá tenía que trabajar, yo la cuidaba, le cambiaba los pañales. Recuerdo cuando yo estaba pololeando y ella le decía a mi pareja “papá”. Era muy chiquitita, nos juntábamos y salíamos con ella, la llevaba en brazos y andábamos juntas  para todos lados.

Yo era como su segunda mamá. Incluso, soy su madrina de bautizo. Recuerdo que fue una ceremonia preciosa en la iglesia La Asunción, ella llevaba vestido blanco. Era una guagua muy linda. Al ser la madrina, me sentía una segunda mamá.

Susana era una niña buena, muy feliz. No hablaba mucho porque era tímida, pero era muy amorosa y se preocupaba mucho de la familia y de nuestra mamá.

Izquierda a derecha: Andrea, su madre y Susana

Cuando llegó a la adolescencia me acuerdo que empezó a cambiar. Estuvo rebelde un tiempo y fue una etapa dura porque comenzó a darse cuenta de muchas cosas. Entró a un colegio Amancay, que es de mujeres. Ahí hizo la Enseñanza Media y  descubrió su orientación sexual. Con mi mamá lo sabíamos desde antes. Se le notaba,pero Siempre la apoyamos. Ella era la chiquitita de la casa, y también estuvimos con ella porque sufrió mucha discriminación y nos poníamos en su lugar. Sabíamos que le dolía.

Recuerdo que no le iba tan bien en el colegio. Durante el 2006, en medio de  la Revolución Pingüina, cuando había protesta era la primera que salía. No estaba en clases, pero sí en las protestas. Era feliz ahí, nos salió bien revolucionaria la niña.

***

Desde muy pequeña era amante de los animales. Fue luego de un accidente que tuvo una perrita que teníamos en la casa, que se cayó por la escalera y quedó con un ojo dañado, desde ese momento la Susy sintió muchísima culpa y comenzó a preocuparse mucho por los animales y se convirtió en animalista.

Estuvo en muchas organizaciones y comenzó a trabajar con algunas agrupaciones de San Felipe. Vendían cosas y hacían colectas en la calle para darle comida a los perros los fines de semana. Siempre movía a la gente cercana a ella para que ayudara.

Fue por este mismo amor a los animales que le decíamos Sasha. La Susy tuvo una perrita que se llamaba así y que falleció por problemas de salud. Su muerte le afectó muchísimo y así un día ella misma se bautizó Sasha. Le gustó, la gente cercana le decía así, sus amigas y nosotras también, finalmente todos la comenzamos a llamar así.

La Susy hizo un curso de Manipulación de Alimentos en la Municipalidad de Los Andes. Estuvo varios meses estudiando, se levantaba súper temprano y partía con su carrito de materiales a sus clases. Le iba bastante bien, había aprendido a hacer tortas, pasteles y varias cosas más.

Yo la veía entretenida, estaba feliz, tenía varias amigas ahí y había un profesor que le tenía harto cariño. Él la estaba ayudando para que siguiera estudiando.

Ya había terminado el curso y cuando faltaban cinco días para que la municipalidad le entregara su título, nos avisan que habían encontrado su cuerpo en San Felipe. Mi mamá recibió su título póstumo. Fue un momento durísimo para ella, para mí, para todos.

Mi mamá no recuerda mucho de lo que vino después, son como recuerdos bloqueados, borrados.

Entrega título póstumo

Gracias a ese curso, la Susy hacía tortas a pedido, pasteles y chocolates, a mí me encantaban, siempre le compraba. Fue ese 28 de febrero que me pidió que nos juntáramos porque necesitaba que le consiguiera piñas para hacer los pedidos que tenía que preparar ese día.

La llamé temprano y quedamos en juntarnos a las seis en la casa de mi mamá para pasarle la fruta. Antes, tenía que ir a buscar unos lentes a una óptica en San Felipe. Era raro que saliera sola, mi mamá era muy protectora con ella.

Mi mamá iba a ir con ella, pero le avisaron que le habían cambiado una hora al médico, entonces no pudo acompañarla. Y, por lo que me enteré después, mi mamá venía caminando por una cuadra y justo la Susy acortó camino por  otro lugar, una cancha que hay. Una vecina que la había visto le dijo a mi mamá cuando se encontró con ella. Si no hubiese acortado el camino se hubiesen encontrado. Es súper fuerte, el día que pasó todo,  fue como algo del destino, no lo sé.

Pensamos que ese sería un día normal. La Susy salió como cualquier día, se llevó sus cosas y fue a buscar los lentes. Pasó a comprar harina y huevos porque con mi mamá harían panqueques para tomar once.

Pero cuando la llamé a las seis, nunca más contestó el teléfono. Lo último que le dije fue que nos juntábamos en la casa de mi mamá. Debería haber sido un mensaje más bonito.

Susana cuando tenía 3 años

Fue la familia de Cristian la que dijo que él y la Susy eran amigos. Si no fuese por eso, yo creo que nosotros no nos hubiésemos enterado de quién era ese hombre. Yo jamás en mi vida escuché hablar a la Susy de Cristian. Nunca nos dijo nada. A mi mamá y a mi hermana les he preguntado muchas veces y no, jamás escucharon hablar de Cristian Muñoz en la casa. Es todo súper raro, realmente no entiendo mucho la amistad que tenían, nada.

Sus compañeras de la organización animalista después nos contaron que él siempre la perseguía y que en varias fotos aparece detrás de ella. Incluso nos enteramos que la llamaba mucho por teléfono, al punto que ella dejó de contestar.

Ese día 28 fue muy raro porque Susana iba a ir al centro de San Felipe a buscar los lentes y la niña que la atendió en la óptica, me dijo que la llamó una mujer para que se juntaran, y ahí fue cuando se encontró con Cristian.

Cuando ya sabíamos que la Susy había desaparecido, mi mamá dio su número para que la gente llamara si la veían o si sabían algo de ella. Llamó muchísima gente. Que la veían por aquí, por allá, en San Esteban, otros en Los Andes. A cada llamada, mi mamá se subía al auto con mi papá e iban a buscarla, pero nunca la encontraron.

El peor momento fue cuando comenzó a recibir llamadas donde le decían que la Susy se había ido, que andaba tomando, en fiestas, que no quería saber nada de ella. Se reían de mi hermana. También en esos llamados le dijeron con palabras feas que a mi hermana la habían asesinado por su orientación sexual.

No sé si ella fue a juntarse con él o la llamaron. Nunca entendimos porque la Justicia no se dio el tiempo de averiguar nada. El caso nunca lo tomaron en cuenta.

***

Ahora seguimos exigiendo que haya justicia. Queremos que el Estado deje de ser tan insensible. Que revoquen esa sentencia sería lo más importante, por lo menos para mi mamá, para que pueda decir “hice justicia por ella”.

A mi hermana nunca la tomaron en cuenta, prácticamente la justicia fue para él, no para ella. No recuerdo todas las veces que hemos ido a Fiscalía, a juicio, solo a sentarnos a escuchar lo que ellos decían.

Nunca se dieron el tiempo de averiguar algo de la Susy. Nada.

Con la abogada que tenemos ahora estamos más esperanzadas. Nos dijo que están estudiando para ver si corresponde un recurso de queja. Ojalá tener pudiéramos tener buenas noticias pronto. Tenemos mucha fe con mi mamá de que esta vez, por lo menos, escuchen la verdad de Susana.

Han sido años muy duros para nosotras. Para mi mamá ha sido muy fuerte, no creyó que la Susy había muerto. Hasta el día de hoy. Ella nunca la vio, nos entregaron el cajón sellado, entonces es como si aún tuviera la esperanza de que la policía se hubiese equivocado.

Cuando mi hermana murió llevaba el pelo teñido rojo. Hasta hoy, todas las niñas que mi mamá ve que tienen el pelito rojo y largo, las mira. Me da mucha pena. Un día caminábamos y vio a una, le puso la mano encima y hasta le habló. Y ahí se dio cuenta que no era la Susy.

Hasta el día de hoy es como si todavía la viera.

Aún tiene su pieza intacta, igual a como cuando salió ese día. Todavía pone su plato de comida en la mesa, su taza de té. La silla que ocupaba tiene un chaleco suyo encima, que lo dejó antes de salir. De repente mi mamá dice que la siente en la casa.

Un día despertó y no sabía si estaba soñando, pero la vio. Es increíble porque le da energías para levantarse. Habla con ella, ordena y limpia su pieza, toma tecito con ella. Da impotencia, pero si eso la hace feliz y la tiene tranquila, hay que aceptarlo. Es duro, pero ella pasa el día sola en la casa y vive en sus recuerdos. Quizás es mejor así.

Para mí es bastante doloroso. Es saber que no la vas a ver nunca más, que no alcanzaste a decirle algo bonito, que la querías, no sé. Haberle dicho algo importante.

Te quedan las ganas de haber hecho algo mejor por ella.

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Written by

Periodista Universidad Alberto Hurtado. Escribe sobre temas de relevancia social, derechos humanos y género.

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