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Mujeres trans y una salida a la precarización de la vida

Mujeres trans y una salida a la precarización de la vida

Para introducirnos en este tema relevante es necesario ir desde un punto base y preguntarnos: ¿Qué es el género? Sobre esa cuestión fundamental hay diversas aproximaciones y definiciones,  en esta oportunidad y con una mirada diferente, identificamos el género como un ordenamiento político carente de realidad empírica y que ha servido para naturalizar prácticas históricas de diferenciación y jerarquización. Este ordenamiento es una invención para justificar la colonización y sumadas a una serie de otras características sociales, lograr segmentar la población en nichos orientados a la “Producción” (producir para generar plusvalor) y “Reproducción de la Vida” (para satisfacer las necesidades de la comunidad); dejando así a la “familia” como el pilar fundamental del mantenimiento de la “sociedad” (Sociedad en un mundo patriarcal orientado a la mercantilización de la vida y donde la familia es la encargada de mantener y reproducir una fuerza de trabajo sana).

Durante la Revolución Industrial el “humano” se entendía como apéndice de la máquina, más adelante y en plena Revolución Tecnológica, el cuerpo y su sexualidad pasaron a ocupar el lugar que la fábrica ocupó en el siglo XIX y transformando así la “familia” en una nueva industria, por consiguiente, si la mujer salía de sus funciones “asignadas” y entraba al mundo laboral, lo hacía en condiciones de doble jornada laboral (en su trabajo y en su casa), con bajos sueldos, trabajo no remunerado, inestabilidad laboral, etc. Siendo así esta suma de precariedades, un mecanismo para forzarla a volver a su lugar en el antiguo orden social.

Dada la introducción anterior, tenemos que preguntarnos ¿Cómo afecta esta situación a las mujeres trans? Lo que ocurre es que la cesantía, discriminación, inestabilidad laboral, brecha salarial y el sexismo se acentúan; según la OIT más de 700 millones de personas en el mundo viven en el margen de la pobreza a pesar de tener un empleo,  la tendencia son trabajos informales y sin seguridad social  (o muy poca).  Latinoamérica tiene una tasa de aumento del trabajo informal de un 53%, de este un 40% corresponde al “sector servicios” consistentes en puestos laborales ocupados principalmente por mujeres.

Con el tiempo las mujeres trans “socialmente” fueron desplazadas a trabajos considerados “de reproducción de la vida o de sustento”; generando así una pobreza creciente en un escenario nacional donde siete de cada diez pensionados logran cubrir sus gastos mínimos y donde la mujer desde el 2019 al 2020 ha visto reducido su promedio de pensión autofinanciada de $79.000 a $34.000. El panorama entonces es que las mujeres y las disidencias sexo-genéricas son grupos humanos  con una precarización creciente (Situación que se agudiza si se suma ser inmigrante, afroamericana, mapuche y/o nacida en la periferia, etc.). Por otro lado si consideramos que conseguir un empleo es difícil siendo trans, en el caso de tener uno el panorama no es el mejor de todos, varias encuestas señalan que sobre un 70% de las personas  trans han sido maltratadas en el trabajo de alguna u otra manera.

¿Hay algún camino? A mi juicio no es posible terminar la precariedad laboral de las mujeres trans sin que se termine también con la precariedad laboral de la mujer (ya sea migrante, clase trabajadora, mapuche, etc.). Frente a ello, el cambio más radical sería de dejar de demandar que el estado “se haga cargo”; porque cada vez que le delegamos más responsabilidades este obtiene más poder, refuerza su burocracia y se divorcia aún más de la sociedad.

El Estado de Chile durante las últimas tres décadas ha profundizado la “desposesión social”, pero ha aumentado el extractivismo y la privatización, por ello lo mejor es integrarnos en la autonomía económica de un mercado social con una red de producción orientada a satisfacer necesidades básicas y de empleo para la misma red, además complementado con un plan a largo plazo para recuperar las riquezas sociales y la cadena de producción, para des-comercializarla y ponerla al servicio de lo comunitario y no del mercado.

No es fácil, pero no imposible y es ahí donde las mujeres trans lograremos nuestra real inclusión en plena dignidad junto a la mujer y la comunidad como un todo.

 

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