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Trans-feminismo o barbarie

Trans-feminismo o barbarie

¿A qué costo nos queremos visibilizar? Un cargo de gerencia en una corporación multinacional, ¿eso constituye empoderamiento trans-feminista?

En nuestro país el avance del fascismo, el conservadurismo, la violencia y el desempleo están golpeando la comunidad LGBT de la periferia social: lesbianas pobres, trans marginalizadas, inmigrantes o racializadas; no obstante, una parte de la comunidad ha ganado créditos políticos y económicos, alcanzando importantes niveles de inclusión en esferas sociales; pero, el efecto material de mejoría de calidad de vida del resto ha sido marginal, inexistente o difícilmente cuantificable.

Por ello es relevante hacer una diferencia de la lucha por la “inclusión” capitalista a la lucha social por la “emancipación total”. La primera, aparece como una estrategia de marketing que intenta neutralizar antagonismos de “clase” y obtener logros individualistas; contra la segunda, que es una perspectiva de emancipación de “clase” interrelacionada con luchas sociales existentes en el margen: Causa Mapuche, mujeres obreras, inmigrantes, mujeres privadas de libertad, etc.

Actualmente la tendencia neoliberal nos presenta una comunidad LGBT sin diferencias, neutralizada, gremializada e institucionalizada, orientada a una agenda clara de derechos y dialogante con un estado corrupto y que viola los DDHH. Si bien el avance en derechos ha sido relevante: Ley Anti-Discriminación, Identidad de Género, Unión Civil, etc.; volvemos siempre a tensionar la contradicción de aspirar a igualdad de derechos en un país altamente desigual en muchos otros aspectos de la vida.

Borrar las diferencias y ocultar a les oprimidos intra-comunidad permitió promover una idea de “liberación a través de la inclusión” que en realidad fue un espejismo de integración, prácticamente inviable en una sociedad que no ha re-distribuido aún la riqueza y que no da señas de pensar en hacerlo; además, se impulsaron liderazgos de rostros que no necesariamente tenían conexión con las precariedades populares, lo que ha sido una forma violenta de reducir el discurso a algo “mediáticamente aceptable” y sin reconocer que ese paternalismo es también una forma de discriminación.

Nos hicieron creer en la “equidad e igualdad” como horizontes de lucha; pero, esas ideas no fueron más que promesas neoliberales basadas en una “posibilidad” de movilidad de estrato social, situaciones que en la práctica son difícilmente aplicables cuando las condiciones de vida periféricas lo impiden. En ese aspecto las teorías de subversión del género, no logran llegar a una subversión de entramado social de clase-género y su determinismo en el capitalismo, siendo que este último un nexo fuerte del patriarcado y causante de la precarización de la vida que sumado a la acumulación de malestar por más de 30 años, nos llevó al estallido social del 18 de Octubre de 2019.

Para romper esa inercia neoliberal, es necesario encontrar el punto de inflexión de ser “un sujeto víctima” a un “sujeto revolucionario” y  continuar la senda de las pioneras de Stone Wall (Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera) en su lucha contra el sistema; situando el trans-feminismo como una corriente feminista contra-hegemónica y no al servicio del opresor. Un movimiento plenamente consciente de la clase social, no vinculado al poder y alejado del discurso progresista que intenta dormirnos nuevamente en una falsa utopía de un capitalismo sostenible con rostro humano.

Debemos reconocer que el enemigo es también de clase y si no luchamos contra todas sus formas de dominación a través del capitalismo; el daño que hacen al medio ambiente, a los pueblos originarios, a les pobres, a las infancias desprotegidas, a les inmigrantes, a la población racializada, es un daño que nos hacen a nosotres mismes también.

Debemos luchar por el re-significado del concepto “empoderamiento” a un vivir bien y con poco, a no crecer hacia arriba; sino crecer en lo pequeño: en desechar el conocimiento academicista y a crear una cultura popular del alcance de todes, a potenciar lo comunitario y componer el tejido social; a luchar activamente contra toda violencia estructural, a no estar delante de otras luchas sociales, sino a codo a codo, a tener una democracia radical y profunda, a reconocer que no necesitamos grandes personalidades que caritativamente se ofrezcan a darnos una voz y a levantar sentimiento anti-colonial centrada en organizarnos desconectades del estado y sus instituciones (No ser dependientes de elles).

En conclusión una mirada trans-feminista revolucionaria, nos permite ver las contradicciones de clase social existentes en las diversas luchas sociales y entre sus fracturas encontrar la desconexión del bloque LGBT alienado por el capitalismo, rescatando así el real sentido de la disidencia (el “hacerse a parte”) para liberarnos de las luchas corporativas por el poder; luchas que en el fondo no significan ningún cambio en la balanza entre los bloques hegemónicos y las precariedades que vivimos gran parte de la población.

 

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